Es probable que se produzca una recesión global sincronizada, la cual podría presentar pequeños repuntes en los indicadores, pero serían pasajeros.

os cambios de paradigma suelen suceder lentamente, y de repente todos al mismo tiempo. Esa es la lección de la reciente turbulencia en los mercados. Y, ante esto, lo sorprendente es que los males no se hayan producido antes.

Los expertos pueden haber vinculado la peor caída del Dow Jones en el año a nuevas inversiones en la curva de rendimiento de los bonos en EE. UU. (un indicador histórico de recesiones), pero las señales subyacentes de enfermedad en la economía mundial han estado presentes por mucho tiempo. La pregunta era en qué momento los mercados iban a abandonar la complacencia generada por una década de bajas tasas de interés y expansión cuantitativa, y aceptar esta nueva realidad.

Como señaló el estratega Louis-Vincent Gave de Gavekal, “se pueden detectar las huellas digitales de muchos culpables” en los problemas del sector manufacturero, desde los desafíos estructurales del sector automotriz, el fiasco del Boeing 737 Max y su efecto en las cadenas de suministro globales, hasta la falta de lanzamientos de nuevos productos exitosos en el sector de la tecnología, y la mediocridad de la inversión empresarial, la debilidad del sector energético y la desaceleración en China. Todo lo que se requiere es un gran incumplimiento de deuda soberana o una cascada de bancarrotas corporativas y el mercado podría entrar en caída libre.

Por supuesto, la política no ha sido de mucha ayuda. Pero una vez más, ninguno de los acontecimientos recientes ha sido sorprendente. Tomemos como ejemplo a Argentina, que sufrió una caída del mercado del 48% un día de la semana pasada después de que la oposición peronista tomó una clara ventaja en sus elecciones presidenciales.

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