Apuntan a que la incertidumbre no es por los aranceles, sino por la indefinición de la Fed.
Las buenas intenciones de los banqueros centrales no pueden compensar el gran impacto negativo de los caprichos de Donald Trump en la economía real. Estamos en la calma antes de la tormenta. La volatilidad del mercado la semana pasada se desencadenó aparentemente porque el conflicto comercial entre EE. UU. y China se convirtió en una guerra monetaria. Pero en el fondo, se trata de la incapacidad de la Fed para convencernos de que su recorte de tasas en julio fue simplemente un “seguro” de protección contra una futura recesión.
Sin duda, los precios de los activos comenzarán a reflejar esto, y posiblemente muy pronto. China puede haber tranquilizado temporalmente los mercados al estabilizar el renminbi. Pero pronto sufriremos lo que Ulf Lindahl, director ejecutivo de investigación de divisas de AG Bisset Associates, llama un “verano de miedo”. Él pronostica que la reversión media en el índice Dow Jones que comenzó en enero de 2018 se convertirá en un mercado bajista que durará una década. Es una opinión basada en datos, no en emociones. Ha habido apenas 20 meses desde 1906 en que la desviación del índice Dow Jones de su línea de tendencia ha sido del 130% o más, como lo es ahora. Esos períodos se agrupan de forma bastante preocupante alrededor de los años 1929, 1999 y 2018. “Los valores estadounidenses están en el segundo período más caro en 150 años”, apunta Lindahl. “Los precios deben caer”.

No se pueden resolver los problemas de deuda con más deuda. Y los banqueros centrales, a pesar de sus buenas intenciones y su desesperación por compensar el daño provocado por el caprichoso mandatario, no pueden crear crecimiento real; sólo mover dinero. En algún momento los mercados y la economía deben converger.

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