En un año que pintaba de recuperación tras la guerra comercial, el mundo enfrenta un cierre masivo de fronteras, que podría poner a más de un gobierno contra las cuerdas.

Según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), 68 naciones han impuesto más de 80 medidas restrictivas en el frente externo, incluidos mayores impuestos a las compras externas o medidas no arancelarias.

Sin duda, este cierre de las puertas al mundo tiene implicaciones negativas para las economías globales, sobre todo para los países emergentes. Eso concluye un análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que califica como “un retroceso” la idea de caer en retóricas nacionalistas con restricciones a las exportaciones mundiales.

La entidad señala que, a largo plazo, el coletazo desincentivará la producción de las industrias de estos países. En efecto, ya no tendrán la certeza de poder exportar, sin que siquiera se sepa cuánto durará la crisis global.

De hecho, el BID plantea “impulsar acuerdos comerciales regionales y multilaterales para facilitar la coordinación de las medidas de prevención y mitigación de pandemias; y evitar que medidas unilaterales produzcan costosos conflictos comerciales y diplomáticos que retrasen la recuperación y comprometan el crecimiento de largo plazo”.

La realidad, no obstante, está lejana. Los gobiernos del mundo están tomando cada vez más decisiones para proteger su producción nacional y suministrar a sus ciudadanos los elementos necesarios para enfrentar esta pandemia, lo cual deja al comercio mundial en problemas mientras dure la emergencia.

Para Daniel Gómez, subdirector del Departamento Nacional de Planeación (DNP), “esta es una reacción normal y predecible de todos los países, no obstante, para evitar este panorama, se hicieron cosas como crear la OMC y el sistema multilateral de comercio, de tal modo que el mundo llegara a acuerdos, y así poder usar mucho más efectivamente el comercio para resolver problemas de abastecimiento”.

Y es que, en algunos países, los aranceles para importar bienes o insumos relacionados con la salud se mantienen tan altos, que pueden alcanzar 55% del valor del producto. Es más, la OMC identificó en el mundo las cinco naciones con los impuestos más costosos de importación para los tapabocas: Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil y Argentina.

A pesar de lo anterior esta entidad, junto con la Organización Mundial de Aduanas (OMA), buscan darle una salida a este jaque temporal al comercio mundial, mediante un plan para minimizar los cierres de fronteras, en particular para el tránsito de productos esenciales para combatir la covid-19.

Pero pocos países les están siguiendo el juego a estas organizaciones y, si todos imponen muros a la hora de exportar bienes básicos o insumos del sector, resultarán afectados sobre todo los ciudadanos de aquellas naciones que alcancen a suplir las necesidades locales.

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