Se trata de una mala noticia para el gobierno de Alberto Fernández, que no logró que los acreedores aceptaran la propuesta de reestructura que presentó a mediados de abril.

Si bien existe un consenso entre los economistas de que un default selectivo es una cuestión “técnica” -algunos lo llaman un “default light o blando”-, no deja de tener consecuencias negativas para un país.

La primera es que abre las puertas a una posible complicación judicial si los tenedores de bonos soberanos argentinos deciden acudir a la justicia y reclamar su pago, sobre la base de que Argentina no es un pagador confiable.

La segunda consecuencia es que se activan los llamados “seguros contra default” (CDS por sus siglas en inglés), que suelen estar en manos de fondos especulativos (comúnmente conocidos como “fondos buitre”).

Entendiendo el optimismo, aunque durante la semana se anticipaba el probable impago de Argentina este viernes, las señales del mercado en los días previos, lejos de ser funestas, eran alentadoras.

Los bonos argentinos aumentaron su cotización, mientras que el dólar paralelo -considerado un termómetro del ánimo del mercado- comenzó a bajar, luego de haber escalado vertiginosamente.

Y el llamado “riesgo país”, que mide las probabilidades de un país de caer en default, en vez de subir, bajó.

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